A mí, la reina de las estúpidas, me había pegado feo, porque me había enamorado de una persona con el corazón en silla de ruedas.
Una Lacra Fosforecente- Chubasco

8/8/12

¿Quién diría que meses después estaría tan feliz? Nunca pensé que un viaje de 37 días, a más de 11 mil kilómetros de mi casa, me haría tan bien. Descubrí cosas nuevas, me pasaron cosas buenas y cosas no tan buenas, pero fue una experiencia que me hizo crecer, me hizo apreciar todo lo que había quedado de este lado del Atlántico y darme cuenta qué es lo que realmente necesito para ser feliz. Entre esas necesidades encontré a mis amigos, a la música, a la lectura, a la escritura, quizás a alguna que otra persona pero nada más que eso, a mi familia la llevaba conmigo -por lo menos, la mayor parte-. Es increíble las sensaciones nuevas que te hacen sentir las distintas culturas, cómo es fácil sentirte en casa o lejos de ella. Haber vuelto, en parte, me hizo inmensamente bien: vi a la gente que extrañaba, volví a mi lugar, pero también me pesó la rutina y enterarme de cosas no tan buenas, angustiarme, por hechos sin sentido o por algunos que tenían más sentido del que yo creía. Reí, lloré, me enojé, caminé, me encapriché, hice de todo pero, lo que considero más importante, es que viví cada momento con el corazón, disfrutando al máximo la oportunidad que me dio la vida de ser feliz. Acá o en cualquier otro lado.

1 comentario:

José A. García dijo...

Nunca nadie sabe lo que puede llegar a pasar en algún lugar (o tiempo) si no se atreve a ir hasta él (o llegar). Lo bueno es que lo pudiste hacer, si quedó en el pasado o no es otra cuestión.

Saludos

J.