Supiste alejar todo lo malo de tu corazón
y calmar tu llanto espiritual,
supiste evitar quedar trabado
en el medio del dolor.
Cayo del cielo, un ángel justiciero,
sembró en tu alma la semilla de la paz.
Surgió de nuevo el hombre verdadero,
compartió su don sagrado de vivir por
los demás
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