Soy parte de tu vida, y aunque no quieras, así es, así aparezco, así me voy.
Soy aquello por lo que llorarías desconsoladamente, pero, a la vez, soy quien más aborrecés y quien representa, en tu vida, la versatilidad del amor para ser odio.
Podrías volver a sentirte sola, pero no estás lista, ni estoy listo yo para dejártelo sentir.
Estamos locos, pero no tanto, y tu diagnóstico se perdió por el camino que juntos supimos andar y desandar, y andar, y volver.
Me sentís tuyo, pero no me querés, me tirás al piso y me levantás, como si fuese una hoja, como si fuese viento, como si fuese hojas, como si no fuese nada.
A veces siento que eso soy, a veces soy menos y a veces más, a veces soy todo.
A veces pareciera que todavía me amás, que estoy en tus pensamientos más de lo que ningún otro está, pero ahora tenés ideas nuevas, mentalidades raras, conceptos perversos entre lo ideal y lo irreal, vicisitudes propias de tu histérica modestia imberbe.
Asumiste, entre tantas cosas, la responsabilidad de permitir que te amara, y con ello atosigaste lo poco que quedaba de mí, que quedaba de vos, que quedaba entre nosotros.
No soy fácil ni pretendo, no tengo tiempo ni siquiera para mirarme al espejo y así me veo, es la única forma que conozco de hacer pasar el tiempo en que no estás, la idea loca de tirarme al río y que la marea me lleve hacia el lugar más recóndito del mundo, lejos del amor, que te extraña, de las garras destripadoras del pudor galopante, de los celos, la lujuria, los vicios, el exceso, la mortalidad, los sueños y la maldita costumbre de llevarte adentro.
Carta número 26; Cartas de amor para Verónica.
http://letterstoveronica.blogspot.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario