- No te convengo, Bella.
- No seas ridículo- quise sonar enfadada, pero sólo conseguí parecer suplicante.- Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.
- Mi mundo no es para ti -repuso con tristeza.
- ¡Lo que ha ocurrido con Jasper no ha sido nada, Edward, nada!
- Tienes razón -concedió él-. Era exactamente lo que se podía esperar.
- ¡Lo prometiste! Me prometiste en Phoenix que siempre permanecerías...
- Siempre que fuera bueno para ti -me interrumpió para rectificarme.
- ¡No! ¿Esto tiene que ver con mi alma, no? -grité, furiosa, mientras las palabras explotaban dentro de mí, aunque a pesar de todo seguían sonando como una súplica-. Carlisle me habló de eso y a mí no me importa, Edward. ¡No me importa! Puedes llevarte mi alma, porque no la quiero sin ti, ¡ya es tuya!
Respiró hondo una vez más y clavó la mirada ausente en el suelo durante un buen rato. Torció levemente los labios. Cuando levantó los ojos, me parecieron diferentes, mucho más duros, como si el oro líquido se hubiese congelado y vuelto sólido.
- Bella, no quiero que me acompañes -pronunció las palabras de forma concisa y precisa sin apartar los ojos fríos de mi rostro, observándome mientras yo comprendía lo que me decía en realidad.
Huba una pausa durante la cual repetí esas palabras en mi fuero interno varias veces, tamizándolas para encontrar la verdad oculta detrás de ellas.
-¿Tú.. no.. me quieres?- Intenté expulsar las palabras confundida por el modo como sonaban, colocadas en ese orden.
- No.
Le miré, sin comprenderle aún. Me devolvió la mirada sin remordimiento. Sus ojos brillaban como topacios, duros, claros y muy profundos. Me sentí como si cayera dentro de ellos y no pude encontrar nada, en sus honduras sin fondo, que contrarrestara la palabra que había pronunciado.
- Bien, eso cambia las cosas- Me sorprendió lo tranquila y razonable que sonaba mi voz. Quizá se debía al aturdimiento. En realidad, no entendía lo que me había dicho. Seguía sin tener sentido.
Miró a lo lejos, entre los árboles, cuando volvió a hablar.
- En cierto modo, te he querido, por supuesto, pero lo que pasó la otra noche me hizo darme cuenta de que necesito un cambio. Porque me he cansado de intentar ser lo que no soy. No soy humano- me miró de nuevo; ahora, sin duda, las facciones heladas de su rostro no eran humanas-. He permitido que esto llegara demasiado lejos y lo lamento mucho.
- No -contesté con un hilo de voz; empezaba a tomar conciencia de lo que ocurría y la comprensión fluía como ácido en mis venas-. No lo hagas.
Se limitó a observarme durante un instante, pero pude ver en sus ojos que mis palabras habían ido demasiado lejos. Sin embargo, él también lo había hecho.
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