A mí, la reina de las estúpidas, me había pegado feo, porque me había enamorado de una persona con el corazón en silla de ruedas.
Una Lacra Fosforecente- Chubasco

1/2/09

Me tome un mes para pensar, para aclarar todo. En ese mes me pasaron miles de cosas, aunque quería irme, muy en el fondo mi cabeza se quería quedar en buenos aires con la gente que quiero. Prepare mis cosas y Salí de mi casa, después de no mas de 400 km. Llegue y estaba contenta de poder alejarme de todo lo que me hacia mal. Los días pasaban y mi mente se distraía mas y mas, hasta que un día empecé a leer una carta y me acorde de cosas que abrieron un enorme agujero en mi pecho, que cada día, se iba agrandando mas y mas, menos cuando me sentía realmente querida, pero por la noche, que por cierto me daba mucho miedo, el agujero volvía a invadir mi pecho y su borde punzaba de una manera inexplicable, sentía que mi alma estaba destrozada, no había en mi ser un corazón o al menos, no lo sentía latir. De verdad estaba demasiado dolida, rota por dentro y desconocía el motivo. Una noche mientras me adentraba en la oscuridad de la calle, me puse a pensar todas las posibilidades y encontré el motivo de mi angustia (si así puedo llamarlo) era él, el mismo que hacia ocho meses había estado en el sillón de mi casa.
El recordar todo eso, hizo que me sintiera extraña conmigo misma, no lograba hallarme. Después mas calmada, salí a caminar, a distraerme un poco, pero conseguí que sus recuerdos volvieran a perturbar mi mente, en ese instante, la cabeza comenzó a darme vueltas y decidí sentarme para calmarme un poco, pero me hizo peor porque el agujero volvió a aparecer, con mas fuerza que las veces anteriores, a los pocos segundos comenzaron a caer lagrimas sobre mis mejillas. Después de un rato, me seque la cara y seguí caminando hasta llegar a la playa, allí me senté y comencé a hacer líneas en la arena, cuando me di cuenta había escrito su nombre, con mi horrible letra, pero eso solo hacia que su nombre fuera aun mas hermoso que cualquier otro nombre, de pronto comencé a oír su voz, como si estuviese al lado mío, pero eso era solo producto de mi subconsciente que quería estar con él en ese momento. Seguí inmóvil frente a la escritura, era demasiado importante para mi, me había dado cuenta de que lo amaba mas que a mi vida, y solo pensar en vivir sin su hermosa imagen, hacia que la angustia me invadiera de nuevo de una forma violenta. Sabia que lo que hacia estaba mal, porque había sufrido demasiado por el pero pensar en estar lejos hacia que me ponga peor de lo que estaba.
Me levante, me sacudí la arena y camine rumbo a algún lado que no me haga pensar en él, llame a unas cuantas personas para saber si había alguna noticia, aunque la única que quería saber era si él estaba bien. Faltaban pocos días para que volviera y aun no tenia novedades de él, pero sabia que tarde o temprano iba a contemplar ese hermoso rostro, que anhelaba hace meses y eso me tranquilizaba bastante y hacia que el agujero se cerrara poco a poco aunque sabia que a los pocos días volvería, no quería admitirlo, pero lo necesitaba mas que a nada en el mundo. Pasaron mas días y no conseguía dormir, su rostro me perseguía y cada noche tenia la misma pesadilla, en la que el se acercaba y me decía que se iba muy lejos, me desperté a los gritos y al instante me desplome en la cama, tranquilizándome porque era un sueño, en realidad no estaba del todo segura de estar despierta, pero muy en el fondo sabia que él no se había ido a ningún lado, por lo menos en lo que iban de mis vacaciones, ya que lo había visto unas cuantas veces.
Llego el día de volver, llegaba a mi casa, a reencontrarme con mis cosas y mis amigos, que tanto había extrañado, en parte no quería verlo a él porque sabia que me iba a hacer mal
, pero me estaba quemando por dentro con el solo pensar en no verlo, me destruía y cada vez que pensaba que no estaba conmigo, las lagrimas salían de mis ojos de una manera inexplicable, poco a poco me fui dando cuenta de que todo lo que venga de él me hacia mal, hasta escuchar su nombre punzaba en mi pecho, pero me fui acostumbrando a ese dolor eterno que me causaba su persona, al dolor que me causaba sentirlo cerca, me acostumbraba a la angustia que me producía no verlo, al mismo tiempo que me acostumbraba al dolor que me producía verlo con otra, y así fue, me termine acostumbrando a una vida sin él.

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