Sin la gritería que antecede a un fiasco, sin el protocolo de un buen bofetón, sin el argumento de un pecado ilustre, o el presentimiento de una anomalía, que amerite el caso. Sin decirme nada, sin decir porque, sin una coartada, o una explicación. Sin una mentira, escrita en un papel, sin las cursilerías típicas del caso, sin decirme nada, sin decir porque... se fue.
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